La retirada.

No todo trae visible una fecha de caducidad, de eso trata el camino, de descubrirlo, a veces los años llaman y te dicen hasta aquí. A veces una lesión te chinga la rodilla y nunca más, a veces alguien te avisa, debes parar; a veces solito te das cuenta y lloras por lo que se tiene que dejar y no quieres (no así). Porque las retiradas nunca son fáciles, no importa si son planeadas o no, no importa si te llegan un viernes a las seis de la tarde o en un otoño que parece invierno. Pero en la vida (y en el futbol) en algún momento la retirada es inevitable y sean las que sean las circunstancias, se necesita mucho pecho para ponérselo a los cañonazos y aceptar que el tiempo nos enseña que salvo él, todo, absolutamente todo lo demás es finito.

Cuando sea el momento, cuando realmente la vida te ponga en frente de la fecha de caducidad de cualquier etapa de tu vida, sabrás que hay que hacer la retirada con la mayor dignidad posible. Porque los goles hechos, los penales cobrados, las derrotas padecidas, las faltas dadas y recibidas, las victorias palpadas y cada minuto jugado te hicieron mejor el viaje, atesóralos. Con el tiempo se mirarán más valiosos.

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Cuando toque hacer la retirada, toca tener presente, muy presente que la mirada puede bajarse un poco, los brazos nunca; que el dolor es inevitable, pero hay que evitar hacerle nido por mucho tiempo y que cuando lo bueno se va, lo mejor viene.

Por eso, en la vida como en futbol, cuando toque hacer la retirada, que no se olvide también retirar todo lo malo, que así es como se gana el último partido que ya no se jugó. Así es como finalmente la sonrisa se convierte en un boomerang y terminas por confirmar que sí, de eso siempre se ha tratado el camino. 

La remontada (del terremoto).

Hay una máxima en el futbol que reza: El 2-0 es el marcador más engañoso que existe. Y lo es, debe de serlo, porque hoy más que nunca quiero creerlo, debemos creerlo. Un terremoto de 7.1 escala Richter sacudió a México el pasado 19 de septiembre, una fecha que se convirtió cabalística por ser la misma en la que hace 32 años nos sacudió con mucha violencia otro terremoto.

Este es el segundo. 

Y siempre es doloroso recibir un segundo gol, porque te pone al borde de la goleada, del abismo y si se cae, se vuelve más sinuoso el regreso, pero aún perdiendo hay esperanza. Eso nos enseña el futbol (y la vida), porque jugar de local cuenta y cuenta mucho, y creo en la remontada. De ésas épicas, de ésas que se cuentan en otros 32 años a los hijos y nietos, que se vuelven leyendas, que está llena de lágrimas de emoción y coraje; que se quedan para siempre en la memoria de todos. De ésas que no nos vamos a cansar de poner de ejemplo diciendo: “Buen futbol el de antes, cuando todo parecía perdido y vinimos de atrás para hacer la remontada”.

https://youtu.be/FRUXmzIsyjU
¿Que porqué creo en la remontada?

Porque contamos con el mejor equipo, con cambios de lujo, la mejor afición en la cancha y fuera de ella (Porque los que apoyan desde lejos también empujan). Porque somos incansables, valientes, veloces, creativos y medio mañosos. Sí, mañosos, ese adjetivo que suena feo pero es el que mejor define al que resuelve con atajos y mañas lo que alguien le dijo que así no se resolvía. Creo en la remontada porque no se para de cantar el Cielito lindo en los puntos de rescate. “Ay, ay, ay, ay, canta y no llores, porque cantando se alegran, cielito lindo los corazones”. Porque el mexicano tiene esa gran costumbre de no dejar de cantar hasta cuando se va perdiendo, porque entendió que también de dolor se canta y es la manera más hermosa de llorar.

Creo en la remontada, porque jugamos muy bien en todas las líneas, porque estamos plagados de cracks, en estos días conocí a varios de primera mano que es un deleite verlos jugar dando pases precisos y preciosos al pie y al pecho (o la mano). Hay que mostrarle al mundo que las “Manos de Dios” son éstas que no se cansan de anotar goles y que se dan aquí, en tierra Azteca, ¿en dónde si no?. Tenemos la mejor cantera y tenemos fe en nosotros mismos que no es poca cosa. Vamos a sacar el resultado, y no, no estamos pensando en el empate. Vamos a ganar por goleada, estamos trabajando para hacerlo. 

Para que en algunos años, miremos para atrás y sin temor a equivocarnos le contemos al mundo que en 2017 tuvimos la mejor selección mexicana de nuestra historia. Jugaba tan bonito, que aún sin ser mexicano, querían verla ganar.
Y ganaremos, nos lo prometemos.